INTRODUCCIÓN

Me llamo José Hombre Dopazo y pertenezco a la “HERMANDAD DEL GUERRERO” desde el año 1983, cuando realicé mis pruebas de admisión. Desde entonces han pasado 19 años. Un año antes mi hermano y mi maestro Juan Hombre las había realizado y ahora en este 20 aniversario de la HERMANDAD, me toca el turno de presentar esta introducción a la página  web sobre el Guerrero Místico BUGENKI que mi hermano y maestro me ha pedido.
           
Por aquel entonces las Pruebas del Guerrero discurrían de forma diferente, pero como dice mi hermano: “No importa el envase, si el contenido es el mismo”. Y ese contenido era lo que intentaba mi hermano que descubriéramos con la realización de esas pruebas.

Comenzábamos un sábado por la mañana con el desarrollo técnico de nuestro programa, a lo que seguía un severo entrenamiento físico y un intenso entreno mental. El combate nocturno ocupaba la mayor parte de la noche del Domingo y después de descansar, no dormir, un par de horas llegaba la marcha por el río, que ahora se conoce como “EL SENDERO DEL DRAGÓN”. Viajábamos (siempre éramos dos, los que hacíamos las pruebas) en compañía de mi hermano, desde la ciudad de BOIRO, hasta el río que debíamos subir. Al llegar a la  primera piscina natural, él nos bautizaba. A continuación en la piscina siguiente realizábamos los terribles y cansados 1000 puñetazos laterales y los 20 minutos aproximados de meditación bajo la cascada. Una vez terminado esto él regresaba y nosotros debíamos continuar solos hasta el final del recorrido, la ciudad de Riveira, sin agua ni comida. Era una lucha constante contra nuestra mente deseando sorber aunque sólo fuera un poco de agua de aquel río. Cuando llegábamos a nuestro KWOON y te duchabas la tentación era todavía mayor, pero había que aguantar. Cuando veíamos sobre la mesa de la oficina del Kwoon las botellas de agua y los bocatas de pulpo, sentíamos un revoltijo en el estómago que no os podéis imaginar. Una vez duchados y aseados mi hermano nos acompañaba a tomar un té caliente, dejando la bebida y la comida encima de la mesa y a mi que nunca me gustó el té, encontraba en esta bebida caliente, un bendito apoyo para mi destrozado cuerpo. Regresábamos al Kwoon y nos sentaba delante de la mesa con la botella de agua y el bocata delante de nuestras propias narices, a leer las enseñanzas del Guerrero que él, mi hermano y mi Maestro preconizaba.
 
En estos momentos tan sólo pensaba de lo cabronazo que mi hermano era y de lo tonto que yo debía de ser para aceptar ese castigo no ya físico, sino también psicológico. Debería pasar una media hora antes de probar un bocado de comida. Cuando por fin ya podíamos beber e hincar el diente, esto os lo juro, aquello nos sabía a gloria celestial, que buena estaba aquella bebida y aquel bocata, todavía se me hace el agua en la boca al recordarlo.

Sé que ahora las Pruebas son diferentes, un poco más light, bueno bastante más light, para mi entender, pero lo entiendo los tiempos han cambiado y como dice mi hermano: “Qué importa el envase si el contenido sigue siendo especial”

Aprendí muchas de mi hermano como hermano, pero aprendí muchas más como Maestro, aunque desde que se marcho a Madrid para enseñar, he dejado la practica de las Artes Marciales, quiero decir de dar patadas y puñetazos, pero he continuado desarrollando mi espiritualidad a través de las diferentes actividades en las que me he empeñado.

Las Artes Marciales sin mi hermano se convierten en meros entrenos físicos de técnicas y eso lo puede  aprender cualquiera  por libros o videos; sin embargo las Artes Marciales con mi hermano se convierten en amenas y dinámicas, él es capaz de estimular el entreno por muy cansado que tu estés, por ello las pautas marcadas por mi Maestro siguen intactas dentro de mi. Tanto sus antiguos alumnos y ahora profesores, como yo, nos damos cuenta de cuanta razón tenía nuestro Maestro en sus enseñanzas y cuantas cosas no comprendimos por falta de juicio, o por nuestra juventud, pero como dice mi Maestro: “estamos aquí para equivocarnos, y son esas equivocaciones las que forman el carácter de un auténtico ser humano, por lo tanto bienvenido seas a la vida. Vive y equivócate”

Ahora cuando le veo en sus circunstancias, no acierto seguramente a imaginar la inmensidad de su dolor por no poder correr con nosotros, y cuando en verano me pide que le ayude con sus estudiantes de Madrid que acuden a la tierra mágica de Galicia para realizar sus pruebas del Guerrero, siento con nostalgia el peso de la gran losa que porta en su corazón.

Hablar de mi hermano Juan, bueno del Maestro no resulta muy difícil, es un creador, y aun ahora cuando leo una revista de Artes Marciales veo cosas que el ya preconizaba hace 20 años, pero como todos sabemos su terrible accidente paró en seco su carrera. Conocerle es admirarle y yo le he admirado desde la infancia, como subía a los árboles. Como corría y como defendía siempre al más débil en el cole, aunque tuviera que enfrentarse al abusón de la clase. Pero lo que nunca entenderé será como a alguien que le gustaba tanto correr y volar como los pájaros pueda ahora aceptar y asumir esa invalidez, -sin duda una prueba más de su invencibilidad-.

Estoy seguro de que si mi hermano viviera en USA, llegaría a formar parte de la Leyenda de las Artes Marciales, sin embargo aquí en nuestro país siempre seguirá siendo un minusválido que da clases de Artes Marciales.

Cuando sobrevino su accidente y me pedía que le colocara los dedos de sus manos en la posición de RIN, ya que él no podía hacerlo, sentía mi cuerpo y mi alma desfallecer. Era una lucha contra lo imposible, los neurólogos diciendo que nunca saldría de la silla de ruedas y mi hermano que si estaban tontos. El con su RIN mandaba energía a su cabeza para “arreglar” aquel desaliñado cerebro que se había hundido tres centímetros. Para los neurólogos aquello era paralítico total, para mi hermano una prueba de su invencibilidad. Y ganó la batalla. Al año de su accidente consiguió andar con la ayuda de dos muletas. Según me contaba se escapaba por la noche con su silla de ruedas al parking de Asepeyo y allí intentaba andar ayudado por unas muletas que le habían prestado. Luego subía y bajaba por las escaleras de incendio y realizaba sus ejercicios de equilibrio con los ojos cerrados dentro de una cabina telefónica.

Sea como fuere mi hermano consiguió andar y superar esa parálisis total que los neurólogos le pronosticaban.   Ahora cuando uno piensa en la situación de mi hermano, no logra imaginar como ha sido todo el sacrificio, sacrificio que todavía no ha terminado. Pero yo os digo: coger una hoja de papel en blanco y en el centro trazar un círculo pequeño y dentro de ese círculo escribir: “Maestro Juan Hombre. Minusválido”. Bien todo fácil, ¿verdad? Ahora trazar una línea recta hacia arriba y escribid: “Maestro de Artes Marciales” A qué ya no es lo mismo, a que las dudas llegan a vuestra mente: ¿Como un minusválido va a ser Maestro de Artes Marciales? Imposible. Pero aquí no acaba todo. Ahora trazar una línea hacia abajo y escribid: “356 Campeones de España. 11 del Mundo y Gran Campeón de Campeones por equipos” Y esto desde el año 1990 en que como Maestro minusválido llevó a sus estudiantes a competir. Resulta increíble, verdad  y aquí comienza el exceptismo de quien no le conoce o no le ha visto impartir sus clases en su estado actual. Él es como un general, chilla, grita, explica, dureza y disciplina, y alguna rara vez una sonrisa, pero nunca o casi nunca escucharás de su boca una alabanza porque eso puede llevarte a creerte que eres bueno y eso resulta perjudicial para tu desarrollo. Con mi hermano uno sólo puede esperar reprimendas, Resultado, todos los campeones que tiene.

 ¿PERO? creéis que esto se acaba aquí ¡NO! con mi hermano nunca se acaba nada y ahora os lo explico. Trazar una línea hacia la derecha y escribid: “Instructor jefe de las Fuerzas Especiales” ¿COMO?  ¿Sorprendidos?. ¿A que si?, a que esto ya os empieza a resultar un poco raro, ¿un minusválido entrenando a las Fuerzas Especiales,? imposible. ¿Imposible? ahora os cuento como fue el asunto. Se presentó en la Brigada Paracaidista con su Curriculum como muchos otros Maestros de Artes Marciales lo habían presentado, pero él además les pidió que le permitieran realizar una demostración, no con sus estudiantes del Dojo, no, sino con los propios soldados y para ello les pidió un mes de plazo, si esta demostración no les gustaba, se marcharía por donde había entrado. Si como lo estáis leyendo mi hermano el Maestro minusválido de Artes Marciales iba a realizar una demostración con 400 soldados de la III Bandera Paracaidista, delante de todo el Estado Mayor de la BRIPAC. Pero cuanto creéis que tuvo a los soldados ese mes, estáis ya un poco acongojados ¿Eh? ya no podéis pensar con facilidad.  Tranquilizaos, no tuvo más que cuatro entrenos con algunas de las compañías y sólo juntó a los 400 soldados  dos horas antes de la demostración. Pero tranquilos, para mi hermano, juntar 400 soldados que apenas le conocían y ensayar con ellos la demostración que dentro de unas dos horas realizarían ante el Estado Mayor y encima siendo un Maestro M I N U S V A L I D O, era sencillo, así que  como os digo, vosotros los que estáis leyendo esto tan interesados e intrigados, tranquilos. EL, mi hermano, lo hizo. Sabéis el resultado por la revistas: JEFE INSTRUCTOR de los Cuerpos Especiales y si no me creéis ver el vídeo de la exhibición y recordar cuando lo estéis ojeando que a esos 400 soldados sólo los pude reunir a todos dos horas de la demostración.

¿Pero creéis que he terminado? ¡NO! con mi hermano uno sabe cuando empieza pero no cuando termina. Lancen otra línea hacia la izquierda y pongan:”Instructor de la Policía Militar”. Y ya lancen otra hacia donde ustedes quieran y perdón por lo de ustedes y pongan:”Tres videos editados por Budo International” y traducidos a todos los idiomas. Pero lancen otra para otro lado y lo encuentran como Embajador entre las familias Ninja del Japón y occidente, y lancen otra...Déjenlo o cambien de papel.

Os lo digo de todo corazón conocer a mi hermano es admirarlo.
           
¡OLE! Sensei Juan Hombre, para aquellos que te conocimos estando bien, nos complace el ver tus triunfos, pero para los que continúan aprendiendo contigo, tu minusvalía ha sido un verdadero ejemplo de superación. Sigue creando y desarrollando cosas nuevas, pues las generaciones venideras necesitan de líderes fuertes y guías con los “cojones” que tu, mi hermano siempre has demostrado tener.

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